By Claustre Dasca

Normas, límites… ¿Educan o coartan?

  • “Me gustaría que mis padres me dijeran que a las 12, en casa
  • Y … ¿tú les harías caso?
  • No, pero al menos sabría que me quieren”

Este diálogo real con una adolescente de 15 años, me sirvió para hacer una reflexión sobre la importancia de marcar normas y límites, sea cual sea la edad de nuestros hijos e hijas.

La conversación siguió por otros derroteros: ella identificaba que, si los padres no la marcaban, era porque no les importaba qué hacía o dónde estaba, con quien iba o si le pasaba alguna cosa.

Los padres, por su parte, valoraban que, el marcarle normas podía significar que no confiaban en ella, que no la dejaban desarrollar su personalidad o, incluso, un enfrentamiento (el para ellos, temido “conflicto”).

Este es un ejemplo con el que nos podemos sentir o no identificados. Pero sí que, en la adolescencia, nos puede asaltar la duda de si son necesarios los límites, las normas…

Nos puede parecer que “ya es bastante mayor para saber qué tiene que hacer”, o “para qué decirle nada, si hará lo que le dé la gana”…

Cierto es que a esta edad, para reafirmar su personalidad, pueden hacerse expertos y expertas en la “negación por sistema” (si tú dices blanco, yo digo negro). Pero el hecho de que cuestionen puede llegar a ser un buen hábito, si aprendemos conjuntamente, padres e hijos. El marcar normas y límites que sean discutidas, nos obligará a “negociar” y así ayudaremos a nuestros hijos e hijas a crecer emocionalmente.

A la hora de marcar normas y límites, para poder decidir cuáles son negociables y cuáles no, nos puede ser útil la siguiente clasificación:

  • Normas fundamentales.

–      Pocas, claras e innegociables por los miembros de la familia porque…

  • Velan por la integridad moral y física de sus miembros: respeto a todos los miembros y no uso de la violencia, ni física, ni verbal, ni psicológica
  • Normas importantes:
    • Son las que tienen que ver con la salud, la socialización y las responsabilidades personales de los miembros de la familia (alimentación, higiene, sueño…)
    • Permiten cierta flexibilidad y mayores posibilidades de negociación a medida que los hijos van madurando y sumando capacidades personales de autonomía, razonamiento, madurez. Y podemos ( y debemos) incluirlos en el proceso de decisión de las normas importantes.
  • Normas accesorias:
    • Tienen que ver con la organización del hogar, el orden, los gustos y preferencias personales, la ocupación del tiempo de ocio…
    • Son 100% negociables, pueden ser numerosas y variables, puesto que no afectan al funcionamiento global de la unidad familiar (apagar las luces si no se usan, limpiar la habitación los martes, poner el lavavajillas por la noche…).

Las normas y los límites servirán a nuestros hijos para poder integrarse en la sociedad, ampliando el círculo: familia, escuela, amigos, trabajo, grupos de ocio… favoreciendo su responsabilidad y madurez.