ZeynZeyn

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LA CURVA DEL BAR DE DAVY 

¿motivados y satisfechos para siempre?

 

 

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Al explorar en profundidad la carrera profesional de muchas personas, la evolución de muchas parejas, o de diferentes tipos de proyectos, observamos que, entre otros, aparecen de forma consistente estas cuatro situaciones que podemos ver en la imagen, cada una con diferentes dosis de motivación y satisfacción. Lo más interesante es que no suelen aparecer aisladas, sino relacionadas entre sí mediante una curva, y constituyen a menudo fases o etapas secuenciales no sólo en el trabajo, sino también en la carrera directiva, en las organizaciones y en otras facetas de la vida, como las relaciones afectivas.

motivado o satisfecho
Veamos las cuatro fases:
1. ¿Cuántas veces en nuestra carrera hemos abordado un gran proyecto, ilusionante y desafiante, al que desde el principio nos hemos entregado en cuerpo y alma, sin regatear tiempo y esfuerzo, antes de ver los primeros resultados? Nos encontramos en la fase I: Compromiso y Crecimiento (Motivado y no Satisfecho). Es la fase de aportar y aprender, y, a la vez, de gran dedicación, sacrificios personales y familiares, jornadas interminables o viajes agotadores. En esta fase, el salario emocional es alto y la persona pone en juego sus mejores capacidades y talento. Las vivencias de la persona en esta fase son todas las “y” de la motivación más fuerte y auténtica: entusiasmo, entrega, emoción, energía y endorfinas.

2. Otras veces, hemos vivido etapas de disfrute en las que, después perseverar en los esfuerzos iniciales y haber invertido mucho tiempo, energía y entusiasmo, hemos visto la luz al final del túnel: el proyecto funciona, hay resultados y empezamos a disfrutar de ellos. Los deberes se han hecho y se está consiguiendo el objetivo. Estamos disfrutando de la fase II: Consolidación (Motivado y Satisfecho). En esta etapa se consolidan el esfuerzo y dedicación de la anterior. Las vivencias personales de esta fase son de disfrute, madurez y plenitud del proyecto y misión cumplida. Y el peligro, sentir la “propiedad”.

3. Igualmente, a veces hemos sentido que después de haber culminado un proyecto, llevábamos ya un tiempo viviendo de él, saboreando y disfrutando con exceso las mieles. Lo más importante ya se había hecho y, poco a poco, nuestro día a día nos parecía más de lo mismo. Ya no había pasión ni entusiasmo. Llegamos a la fase III: Complacencia (Satisfecho y no Motivado). El espíritu, la mente y hasta el cuerpo engordan. A esto sigue la autocomplacencia, el estancamiento e incluso el “compromiso al revés”. Las vivencias de esta fase son de saciedad, de más de lo mismo, de estancamiento y de vía muerta. Siguiendo este camino, el paso a la siguiente fase ya está servido.

4. Y finalmente, también, por desgracia, hemos vivido etapas en las que las cosas cada vez nos aportan menos, nos aburrimos, no aprendemos y “nos cuesta levantarnos para ir al trabajo”, la maldita señal de alarma roja. Estamos en la fase IV: Decadencia (Ni satisfecho ni Motivado). Es la fase descendente y de deterioro, consciente o inconsciente, de posible degradación, hasta de destrucción según el caso. La cuesta abajo cambia progresivamente a caída en picado, casi irreversible. Las vivencias personales de esta fase son el aburrimiento, deterioro y frustración, a veces seguidas de depresión.

Esta es la historia del ciclo de vida de un producto, de la grandeza y caída de muchas grandes empresas, proyectos o parejas. ¿Es este el destino? ¿Qué hacer para no entrar en la zona de la desmotivación, no estancarse y no caer en la complacencia y en la decadencia?

La clave es el cambio y el reinventarse. Hay que renacer. Antes de llegar al punto máximo de la curva, hay que salir e iniciar una segunda curva, apostando por estar de nuevo motivados y aún no satisfechos. No es fácil salir de la primera curva, ya que todo nos invita a seguir allí. Pero lo que nos lleva al éxito también nos conduce al fracaso. Si seguimos el camino de la primera curva, comenzaremos a bajar y a caer en picado.
El secreto del crecimiento constante es empezar una nueva curva antes de que la primera se acabe. ¿Cómo lo hacemos? No es fácil, pero para eso nos puede ayudar una pequeña historia que, en forma de paradoja, le sucedió a Charles Handy:

Tratando de visitar las montañas Wicklow, cerca de Dublín y de su tierra natal, Handy estaba perdido por aquel lugar agreste y solitario, apenas señalizado. Se detuvo y preguntó el camino a un paisano.
– Es fácil, respondió éste. Siga este camino, hasta cruzar un pequeño puente. Después siga todo recto y al cabo de un rato llegará el bar de Davy. No tiene pérdida. ¿Está claro?
– Entendido. Todo recto hasta el bar de Davy.
– Bueno. Entonces, aproximadamente una milla antes de llegar, tuerza usted a la derecha, cerro arriba.
Handy dio las gracias y arrancó el coche dándose cuenta poco después de que la lógica no funcionaba. Después de pasar el puente, se preguntaba cuál de los caminos a la derecha debía tomar antes de llegar al bar de Davy. De lo único que estaba seguro era que si llegaba el bar había pasado. Le acababan de dar un ejemplo vivo de una de las paradojas de nuestra vida. Si seguimos marchando por el camino en que estamos, perderemos la vía del futuro y para cuando estamos seguros de donde deberíamos ir ya es demasiado tarde, ya que nos hemos pasado y ya hemos llegado al bar de Davy. La vida del explicamos hacia atrás, pero la vivimos hacia adelante.

¿Cuál es el lugar adecuado para comenzar la segunda curva ? Es el punto donde aún hay tiempo, recursos y energía para conseguir que la segunda curva supere las dificultades iniciales antes de que la primera curva comience a caer en picado. Esto parece claro si no fuera porque en ese punto todos los mensajes que nos llegan nos dicen que todo va estupendamente y que sería de locos cambiar cuando las recetas actuales funcionan tan bien.
Pero ¿Cómo sabemos en qué punto de la primera curva estamos? Uno mismo puede hacer su propia evaluación de su carrera, de su empresa, o de su relación, señalando con una X el lugar donde considera que está ahora. Casi invariablemente uno ha recorrido más trozo de la curva de lo que cree y está más cerca del punto B (camino del bar de Davy) que el punto A.
La apertura al cambio y a iniciar la segunda curva implica asumir siempre que estamos en A, cerca del punto culminante de la primera curva y que, por tanto, deberíamos empezar a preparar la segunda curva. Mantener las dos curvas vivas debería convertirse en una disciplina permanente.

Todo tiene sus altibajos y nada dura arriba o abajo para siempre. Mantener en equilibrio esta paradoja es conseguir que el pasado y el futuro coexistan en el presente.

Y tu, ¿En qué punto de la curva del bar de Davy te encuentras en este momento?


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