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By Alicia Vallespi

Un 84% de la población española sufre de estrés, una tendencia más alta entre las mujeres (87%) que entre los hombres (81%) y un 62% declara sentirse agotado al final del día, según un estudio sobre la percepción del estado de bienestar de la población que ha realizado la empresa de comunicación Nielsen.
Bien, esta es la gran noticia. Si perteneces al 16% de personas que no saben qué es el estrés quizá no te interese leer esto, aunque lo más probable es que estés en el porcentaje de las que sí.
Vamos a ver qué es el estrés y a valorar si el estrés es siempre negativo. Constantemente estamos usando esta palabra. “Estoy estresado”, “no me estreses”, “qué estrés”, pero ¿realmente sabemos de qué se trata?
El mecanismo del estrés es, en principio, fantástico, ya que nos ha permitido sobrevivir, de hecho no es más que la reacción que nos sirve  para adaptarnos a los cambios. Cuando sentimos que un acontecimiento nos exige un sobreesfuerzo, ponemos en marcha una serie de mecanismos bioquímicos que nos ayudan a obtener la energía que necesitamos para afrontarlo.
Lo vemos con un relato: Imagina por un momento que estás en medio de la sabana, y de repente, sin saber cómo, aparece ante ti un león, una bestia de un tamaño considerable que te mira como si fueras su primer plato, con unos dientes más que afilados, y una actitud amenazante que no induce a pensar nada bueno, … en este momento tu cerebro analiza todos los elementos de la situación, los compara recurriendo a su memoria y si entiende que no dispone de energía suficiente para responder , envía órdenes para que tu organismo libere adrenalina y otras sustancias parecidas. Tu cuerpo se prepara para responder, aumenta la frecuencia cardiaca, tus músculos se tensan y las pequeñas arterias que irrigan tu piel y los órganos menos críticos (riñones, intestinos) se contraen para disminuir la pérdida de sangre en caso de heridas y para dar prioridad al cerebro y los órganos más críticos para la acción (corazón, pulmones, músculos). Estás preparado para responder a la situación, bien sea huyendo o luchando, que son las dos únicas posibles respuestas que disponemos. Una vez has conseguido deshacerte de la bestia, tu organismo volverá a la normalidad.
Esta estrategia bioquímica de afrontamiento puntual es lo que denominamos estrés, y que cuando se prolonga más de lo necesario se vuelve peligroso, ya que es cuando se pone en marcha la fase de resistencia. El cuerpo se mantiene activo mientras dura la estimulación y, a pesar de aparecer los primeros síntomas de cansancio, sigue respondiendo bien. Pero si la activación, los estímulos y las demandas no bajan, el nivel de resistencia termina por agotarse y aparece la fase de alarma. A partir de los efectos de esta última etapa empezamos a hablar de distrés, es decir, de las posibles consecuencias fisiológicas negativas de esta reacción corporal.

El estrés se convierte en peligroso cuando aparece con frecuencia,

se prolonga de forma inusual o se concentra en un órgano del cuerpo.

Según Robert Sapolsky, autor del libro “¿Por qué las cebras no tienen estrés?”, el problema de hoy en los humanos es que en vez de estar continuamente pendientes de factores vitales (alimentación, fuga de enemigos …) estamos sometidos en mucha mayor medida a factores estresantes derivados de nuestras relaciones sociales, estas respuestas se dan ante temores más indefinidos y complejos, y además, se preparan con más antelación. Todos estos factores convierten el estrés puntual en estrés global, y para este último nuestro organismo está menos preparado.
A todo esto hay que añadir que nos hemos convertido en unos primates tan sofisticados psicológicamente que somos capaces de generar la misma respuesta de estrés simplemente al pensar, al imaginar una situación que no existe en este momento; me puedo estresar por una reunión que tendré dentro de una semana, por un hecho con posibilidad de no llegar a ocurrir, por una percepción mía que tal vez no coincide con la realidad,….
Por otra parte, también los últimos estudios dejan claro que el concepto del síndrome no depende sólo de factores externos. En nuestro ámbito vital, los síntomas aparecen más bien a partir del sentimiento subjetivo que nos producen los acontecimientos cotidianos. Las preocupaciones no nos afectan a todos de la misma forma, ante el mismo hecho unas personas se sienten desbordadas, y otras no. Para las primeras afrontarlo supone elevar el nivel de distrés, para las segundas, el de eustrés o estrés positivo. Según las investigaciones de Richard Lazarus, psicólogo, (Univ. California) es más importante la valoración que hace el individuo de la situación, que las características objetivas de la misma. El estrés surge como consecuencia de la puesta en marcha de ciertos procesos mentales. Si interpretamos lo que está sucediendo como peligroso o consideramos que nuestros recursos son insuficientes a la hora de afrontarlo, pondremos en marcha los mecanismos de alarma. De lo contrario, seguiremos estables. Para este autor, el distrés es “una relación concreta entre la persona y el ambiente que es estimada por el individuo como impositiva o que supera sus recursos y pone en peligro su bienestar”.

Al final siempre llegamos a lo mismo. No son las circunstancias o los demás los que te estresan sino tu forma de vivir la situación. Plantéate si merece la pena vivir continuamente con cantidades ingentes de adrenalina recorriendo tus venas y alterando el funcionamiento de tu organismos y tu cerebro y decide qué quieres hacer.

AliciaVallespi
About AliciaVallespi
Coach PCC por ICF. Licensed Practitioner of NLP, por la Society of NLP y el Dr. Richard Bandler. Psicopedagoga, y en mi formación complementaria especialista en Desarrollo Neurofuncional y terapeuta en audio-psico-fonología. Como formadora, mis áreas de actuación siempre están relacionadas con la mejora personal o profesional de las personas, los equipos y las organizaciones, y son básicamente el trabajo del liderazgo, la comunicación, la motivación, la gestión de conflictos o la inteligencia emocional.

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¿Es tan malo el estrés como parece?