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By Alicia Vallespi

¿Controlas tus emociones o ellas te controlan a ti?

Manejar nuestros estados emocionales de forma apropiada, especialmente en situaciones difíciles o de estrés, supone tomar conciencia de la relación que hay entre cómo nos sentimos y cómo pensamos y actuamos. Tener buenas estrategias de afrontamiento y capacidad para autogenerar emociones positivas o saludables nos ayuda a gestionar nuestro bienestar y a mejorar nuestra calidad de vida.

By Alicia Vallespi

El impacto emocional de los atentados

Comentando en las redes sociales sobre los efectos de los atentados del pasado viernes en París, me decía una persona: “¿Sabes que es para mí  lo peor de lo que he sentido sobre lo ha sucedido este fin de semana? Que la primera sensación o lo primero que te pasa por la cabeza no es la tristeza, sino que es el sentimiento de rabia, y esto a mí no me gusta”.

Este comentario y algunos otros que he leído estos días, me han hecho pensar en el tema, y me han llevado a buscar información sobre el impacto emocional causado por acontecimientos como los atentados terroristas de París y  qué consecuencias tienen para la salud psicológica de la población general, todos los que no hemos estado allí pero hemos vivido desde la distancia la tragedia.

Diferentes estudios confirman que los efectos son de mayor trascendencia cuanto más aumenta la cercanía al lugar de los hechos. Y aunque evidentemente, no existe la intensidad de estar en el momento de la tragedia, sí se tiene una sensación de resentimiento y enojo, sobre todo cuando se trata de un evento manipulado por seres humanos, porque cuando actúa la naturaleza no hay remedio, y es menor el resentimiento. Los acontecimientos traumáticos provocados por seres humanos nos producen un efecto más profundo  que los provocados por desastres naturales. Esto es especialmente cierto en el caso de los atentados terroristas, acontecimientos provocados por otros seres humanos que generan violencia interpersonal de forma intencionada. Ante una tragedia de origen natural aceptamos más fácilmente que no ha dependido de nosotros o que no podemos hacer nada.

Los acontecimientos traumáticos provocados por otros seres humanos nos producen un efecto más profundo.

Por otra parte, un evento así puede afectar de forma diferente a cada persona, dependiendo de la personalidad y la vulnerabilidad de cada uno, aunque en general crea sentimientos de impotencia, de inseguridad y temor de verse envuelto en una situación semejante, más aún si es en el país vecino, como en el caso de Francia, porque Medio Oriente nos parece estar muy lejos. La intensidad de los efectos se produce a modo de una onda expansiva que se extiende a partir de las zonas afectadas al resto de la población y cuyos efectos se mantienen tiempo después de sucedidos los acontecimientos.

Esto estaría relacionado con la empatía cognitiva y emocional, la aptitud básica de la conciencia social mediante la cual reflejamos en nuestro interior las emociones de los demás, siendo ésta más intensa con aquellas personas con las que sentimos que  tenemos algún vínculo.

Nos invaden sentimientos de impotencia, inseguridad y temor de vernos envueltos en una situación semejante.

He podido constatar que en los últimos años el interés por los trastornos psicológicos asociados a eventos traumáticos ha aumentado considerablemente y el estudio de las secuelas psicológicas debidas a atentados terroristas ha ido convirtiéndose en uno de los focos de mayor interés debido al impacto que pueden tener sobre un gran número de personas de las poblaciones afectadas.

Los actos terroristas son un importante estresor,  de carácter intermitente pero de consecuencias severas.  Además, estas consecuencias se hacen sentir no sólo en las personas afectados sino también en las sociedades en las que ocurren, provocando fuertes sentimientos de miedo-ansiedad, tristeza-depresión, indefensión y frustración; convirtiéndose tanto en un problema clínico como de salud pública (Foa, Davidson y Frances).

El terrorismo representa una amenaza emergente y global que potencialmente nos afecta a millones de personas en todo el mundo. Al igual que otros eventos traumáticos provoca en las personas  importantes reacciones psicopatológicas, pero también presenta algunas características distintivas al provocar intensas reacciones de miedo y preocupación excesiva que hace a la población más vulnerable, incluso a las personas no directamente afectados, generando ansiedad anticipatoria y miedo intenso a que ellos mismos o sus seres queridos puedan resultar heridos o gravemente afectados. (Tucker).

Los efectos más destacables, de carácter psicosocial y comunitario, producidos por atentados terroristas incluyen la sensación de falta de seguridad, el miedo a futuros ataques y a su impredecibilidad, la existencia de sentimientos de miedo generalizado y sensación de pérdida o duelo a nivel nacional, la falta de confianza en las instituciones y la alteración del orden en la comunidad (Fullerton, Ursano, Norwood y Holloway).

El modelo teórico denominado Conservación de Recursos (COR) en un intento de predecir los resultados tras atentados terroristas, guerras u otros desastres, sugiere que el impacto del estrés depende principalmente de la amenaza de pérdida y/o pérdidas de recursos que acontecen a las personas y de la capacidad de éstas para desarrollar y mantener recursos que les permitan afrontar y resistir el estrés.

Un buen número de estudios  han puesto de manifiesto diversos factores de vulnerabilidad al trauma que van desde características demográficas a factores psicológicos, pasando por el grado de exposición al evento traumático.  Los principales serían el género (las mujeres aparecen como más vulnerables), el sentimiento de culpa, la ira, la ansiedad, las escasas habilidades de afrontamiento, la historia anterior de traumas y estresores, los antecedentes psicopatológicos, el bajo apoyo social y el alto grado de exposición a la situación traumática, incluyendo la exposición a la información que proviene de los medios de comunicación, especialmente las imágenes de televisión.

Éste sería un resumen de las emociones más frecuentes, y que probablemente estemos sintiendo estos días:

Miedo     Temor     Ansiedad     Rabia     Ira     Impotencia     Indefensión   Frustración     Inseguridad     Dolor     Pérdida    Desconfianza   Tristeza …… (Aquí puedes añadir otras emociones que sientes)

 

 

 

 

 

 

 

By Alicia Vallespi

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By Alicia Vallespi

¿Te cuesta decirle a alguien que no te gusta lo que ha hecho?

¿Te cuesta decirle a alguien que no te gusta lo que ha hecho? ¿Lo piensas y lo piensas sin saber cómo enfocar la conversación? O ¿Lo acabas diciendo de mala manera y generando un conflicto?

Al hecho de emitir nuestra opinión sobre alguien lo llamamos dar feedback, y podemos diferenciar dos tipos principales de conversaciones en este sentido; las primeras son aquellas en las que le reconocemos al otro un logro o algo que nos ha gustado mucho. Éstas en general no sólo nos resultan fáciles sino que son muy agradecidas. Generan energía positiva entre los integrantes de la conversación y retroalimentan la relación. Las segundas, sin embargo, aquellas en las que debemos expresar nuestro desacuerdo con el otro, decirle que no ha cumplido su parte de lo establecido o que no nos ha gustado su comportamiento, son más complicadas.

La realidad es que a nadie le gusta que le digan cosas como: “Eres un desastre”, “No me gusta cómo haces esto” “Este trabajo está fatal”, “Me decepciona tu actitud”, “Esperaba más de ti”… Ni nos gusta que nos lo digan ni a los demás les gusta escucharlo.  Para afrontar este tipo de situaciones de forma efectiva, debes tener en cuenta que en la comunicación es tan importante QUÉ dices como CÓMO lo dices. Por ello vamos a ver algunas pautas para que te resulte más sencillo expresar tu desacuerdo y evites que tu interlocutor se ponga a la defensiva:

  1. Buscar un buen momento y tener una buena disposición. Tener en cuenta que se trata de una tarea delicada que puede afectar la sensibilidad del otro, evaluar si el entorno es el más adecuado, y tratar de estar relajado.
  1. Crear empatía, comprender y reconocer. Crear un contexto adecuado. Explicitar el propósito de la conversación. Llevar a la conversación la visión y las inquietudes que compartimos, y nuestro compromiso común:

“Entiendo tu punto de vista…”

“Entiendo cómo te sientes…”

“Lo que me dices…”

“Entiendo que estés molesto…”

  1. Expresar nuestras opiniones de forma descriptiva, sin hacer valoraciones. Basar nuestras opiniones en comportamientos y/o hechos observables, y fundamentarlos:

“El hecho es X…”

“Ahora lo que estamos discutiendo es…”

“Después de los acuerdos del otro día…”

  1. Referirse a las acciones o los comportamientos del otro, no a su persona. Evitar las formas “Eres…”, en su lugar utilizar formas del tipo:

“Lo que has hecho…”

“Tal como has resuelto el asunto…”

“Las palabras que has dicho…”

  1. Dar información específica, sin generalizar. No utilizar términos generalizadores como: “Siempre”, “Nunca”, “Todo”, “Todo el mundo” …Sí concretar con términos como: “A veces”, “Últimamente”, “La última semana”, “Tres personas”, “Esta tarea en concreto”,…
  1. Hablar en primera persona, sobre cómo estas acciones te afectan, o en tu opinión tienen resultados negativos. No hablar por otros:

“A mí me parece”

“Me molesta…”

“Creo que eso…”

  1. No interpretar. No atribuir intenciones ni motivos al otro para actuar como lo ha hecho. Dejar que el otro exprese sus intenciones o motivos. Dejar tiempo al otro para responder.
  1. Indagar el punto de vista del otro, preguntar y escuchar.

“¿A ti qué te parece…?”

“¿Tú que crees…?”

“¿Cuál es tu punto de vista…?”

  1. Equilibrar la información negativa con la positiva (+ – +). Utilizar el modelo sandwich: decir algo positivo /lo negativo/ añadir otra cosa positiva. “Estamos mejorando mucho (+), sin embargo en estos días no hemos avanzado suficiente (-), creo que si nos ponemos de acuerdo lo podemos conseguir (+)”.
  1. Ofrecer sugerencias específicas de mejora, pedir cambios concretos en el comportamiento del otro, el feedback no nos debería servir para desahogarnos sino para modificar algo: “Seguramente si a partir de ahora nos comunicamos mejor …” “Podría ser una solución …”

Algunas personas creen que utilizar pautas como estas es dejar de ser ellos mismos, disfrazar la realidad o no decir realmente lo que piensan. No se trata de dejar de expresar nuestra opinión en ningún momento sino  de hacerlo de una forma respetuosa hacia el otro y siempre teniendo en cuenta el daño que puede ocasionar a la relación si lo hacemos “a la brava”. Lo que queremos conseguir es reconducir la conducta del otro, llegar a un acuerdo y mejorar el vínculo, ya sea personal o profesional.

Te dejamos aquí tu tip, si te ha gustado, lo puedes imprimir o compartir. En el próximo post nos centraremos en la otra cara de la moneda: Cómo recibir un juicio de otro sin perder los papeles.

 

 

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