ZeynZeyn

Category : Comunicación

By Claustre Dasca

Normas, límites… ¿Educan o coartan?

  • “Me gustaría que mis padres me dijeran que a las 12, en casa
  • Y … ¿tú les harías caso?
  • No, pero al menos sabría que me quieren”

Este diálogo real con una adolescente de 15 años, me sirvió para hacer una reflexión sobre la importancia de marcar normas y límites, sea cual sea la edad de nuestros hijos e hijas.

La conversación siguió por otros derroteros: ella identificaba que, si los padres no la marcaban, era porque no les importaba qué hacía o dónde estaba, con quien iba o si le pasaba alguna cosa.

Los padres, por su parte, valoraban que, el marcarle normas podía significar que no confiaban en ella, que no la dejaban desarrollar su personalidad o, incluso, un enfrentamiento (el para ellos, temido “conflicto”).

Este es un ejemplo con el que nos podemos sentir o no identificados. Pero sí que, en la adolescencia, nos puede asaltar la duda de si son necesarios los límites, las normas…

Nos puede parecer que “ya es bastante mayor para saber qué tiene que hacer”, o “para qué decirle nada, si hará lo que le dé la gana”…

Cierto es que a esta edad, para reafirmar su personalidad, pueden hacerse expertos y expertas en la “negación por sistema” (si tú dices blanco, yo digo negro). Pero el hecho de que cuestionen puede llegar a ser un buen hábito, si aprendemos conjuntamente, padres e hijos. El marcar normas y límites que sean discutidas, nos obligará a “negociar” y así ayudaremos a nuestros hijos e hijas a crecer emocionalmente.

A la hora de marcar normas y límites, para poder decidir cuáles son negociables y cuáles no, nos puede ser útil la siguiente clasificación:

  • Normas fundamentales.

–      Pocas, claras e innegociables por los miembros de la familia porque…

  • Velan por la integridad moral y física de sus miembros: respeto a todos los miembros y no uso de la violencia, ni física, ni verbal, ni psicológica
  • Normas importantes:
    • Son las que tienen que ver con la salud, la socialización y las responsabilidades personales de los miembros de la familia (alimentación, higiene, sueño…)
    • Permiten cierta flexibilidad y mayores posibilidades de negociación a medida que los hijos van madurando y sumando capacidades personales de autonomía, razonamiento, madurez. Y podemos ( y debemos) incluirlos en el proceso de decisión de las normas importantes.
  • Normas accesorias:
    • Tienen que ver con la organización del hogar, el orden, los gustos y preferencias personales, la ocupación del tiempo de ocio…
    • Son 100% negociables, pueden ser numerosas y variables, puesto que no afectan al funcionamiento global de la unidad familiar (apagar las luces si no se usan, limpiar la habitación los martes, poner el lavavajillas por la noche…).

Las normas y los límites servirán a nuestros hijos para poder integrarse en la sociedad, ampliando el círculo: familia, escuela, amigos, trabajo, grupos de ocio… favoreciendo su responsabilidad y madurez.

By Claustre Dasca

¿Es posible tener una comunicación eficaz con nuestros hijos adolescentes?

“No parece el mismo”, “no escucha jamás”, “haces más caso a tus amigos que a mí”, “parece que tengo que andar de puntillas, hablarle con suavidad para que no se ofenda”, “siempre acabamos discutiendo”, “ya no puedo más”…

¿Os suenan? Los padres y las madres que tenéis un hijo o hija adolescente en casa es posible que hayáis pronunciado alguna de estas frases o sus variantes.

Al llegar a la adolescencia, puede parecer que, incluso el hijo más dócil del mundo se vuelva rebelde. Si estáis experimentando esto, enhorabuena, tenéis un adolescente que camina a buen paso hacia su madurez!!

En esta edad empiezan a reafirmar su yo y es lógico que se enfrenten a aquellas personas de su alrededor que identifican como autoridad. Quieren imponer su criterio y, sin apenas saberlo, están experimentando para configurar su personalidad adulta.

Y ahí pueden venir los enfrentamientos. Pueden llegar a cuestionar todos y cada uno de los actos y argumentos adultos, defendiéndolos con aquella fuerza que les da la juventud, y que tanto puede agotarnos.

¿Es posible tener una comunicación eficaz con nuestros hijos e hijas?

¿Podemos tener una conversación no agresiva?

Os ofrecemos algunos puntos de reflexión, en los que suelen coincidir muchos expertos en comunicación:

  • No tomemos sus argumentos como un ataque personal. Ayudémosles a entender su propio malestar, como algo natural de su etapa de crecimiento.
  • Recordemos que somos sus padres y madres. No nos posicionemos como amigos/as, porque, aunque no lo parezca, continúan necesitando límites y normas.
  • Escuchemos de manera activa sus argumentaciones, aunque no estemos de acuerdo con ellas. Hagamos que se sientan respetados.
  • Busquemos espacios para hablar con ellos/as. Recordemos que a veces “hablaremos para ellos” (hazte la cama, ordena tu habitación), pero que tenemos que buscar momentos para tener un diálogo real.
  • No traslademos nuestras soluciones adultas a su realidad, ayudémosles a encontrar sus propias soluciones.
  • Escojamos “nuestras batallas”: quizás es mejor negociar un cambio de peinado, de manera de vestir… y reservar nuestras “fuerzas” o posiciones fuertes, para otras situaciones más complejas.
  • Evitemos “sentenciar” con nuestros argumentos, puesto que cerraremos el diálogo: “¿ves cómo tenía yo razón?”, “porque lo digo yo, y ¡punto!”…
  • Si sentimos que no podemos razonar de manera tranquila, puede ser un buen momento para posponer la conversación, o, si no es posible, recurrir a aquellos “remedios” que tenían nuestros mayores: “cuenta hasta diez”, “respira profundamente”…

Poco a poco, iremos viendo como van transitando, experimentando, hasta llegar a ser una persona adulta, independiente y autónoma.

By Alicia Vallespi

Comunicación no violenta, otra forma de afrontar conversaciones difíciles

Saber comunicar claramente nuestras necesidades es una de las mejores habilidades que podemos desarrollar, para mejorar nuestra relación con nosotros mismos y con los demás, tanto a nivel personal como laboral.  Por el contrario, la comunicación basada en juicios sobre el otro, y el lenguaje que provoca miedo, vergüenza o culpa en una situación difícil, impide que las personas reconozcan sus sentimientos, necesidades y requisitos con claridad, la atención se desvía, las personas se ponen a la defensiva y los conflictos se intensifican porque esa “parte violenta” provoca represalias emocionales.

La comunicación no violenta enfatiza la importancia de expresar con claridad observaciones sobre la situación, sentimientos, necesidades y peticiones a los demás, o a uno mismo; siempre evitando el lenguaje evaluativo que etiquete o juzgue al otro.  Se trata de que las propias necesidades, deseos o anhelos no se satisfagan a costa de frustrar las necesidades de la otra persona.

Se cambia el juicio y la crítica por la expresión de sentimientos y deseos.

 

Cuando sentimos que hemos sido tratados o acusados injustamente, o cuando queremos imponer nuestros deseos, tendemos a utilizar una “comunicación violenta”, que se relaciona con juzgar, criticar, analizar, moralizar y acusar, y que lejos  de mejorar la situación, la empeora ostensiblemente.

Veamos cómo podemos aplicar la comunicación no violenta siguiendo unos sencillos pasos:

4 pasos para aplicar la COMUNICACIÓN NO VIOLENTA

PASO 1. Situación

Observa lo que está sucediendo y describe la situación sin emitir ningún juicio, hazlo de forma neutra, como si fueras una cámara de vídeo que está grabando, sin añadir opiniones ni interpretaciones:  
    Veo … / Oigo … / la situación es …

PASO 2. Sentimientos

Identifica y expresa tus sentimientos. Procura utilizar sentimientos que hablen de ti sin acusar al otro:
    Entonces me siento…  (tenso, ansioso, enfadado, deprimido, decepcionado, cansado…)

PASO 3. Necesidades

Descubre qué  necesidades insatisfechas se hallan en el origen de tus sentimientos:

    Mi necesidad es …/ porque me gustaría … / Deseo … / Necesito … (seguridad, comprensión, respeto, autonomía, confianza…)
PASO 4. Petición

Formula una petición, clara, positiva, factible. Una petición no es una exigencia ni un reproche!
    ¿Por favor podrías… / Estás dispuesto a hacer esto …? 

 

Por ejemplo, si en lugar de decir: “Eres un desastre, no hay forma de hablar contigo”, decimos algo como: “Cuando me dices eso (situación) me desanimo (sentimiento) porque necesito confianza en el hecho de que nos escuchemos (necesidad) ¿Podrías decirme cómo puedo hacer para mejorar nuestro diálogo? (petición)”.

O como: “Cuando veo tu reacción (situación) me siento confuso (sentimiento) y necesito tiempo para aclararme (necesidad) ¿Te importa que hablemos de esto más tarde? (petición)”.

Cambia bastante ¿verdad?

De la misma forma podemos empatizar con el otro siguiendo los mismos pasos:

“Cuando dices esto (situación) ¿Es porque te sientes cansado? (sentimiento) ¿Qué necesitas para sentirte mejor? (necesidad) ¿Puedo ayudarte en algo? (petición hacia el otro).

 

Practicar la comunicación no violenta nos ayuda adquirir habilidades de comunicación interpersonal eficaces para resolver conflictos, aumentar la cooperación y mejorar la atmósfera de trabajo o de convivencia. Aprendemos a dilucidar lo que estamos observando sin juicios, a identificar lo qué estamos sintiendo y a expresar qué queremos de nosotros mismos y de los demás.

“Cuando tomamos conciencia de nuestras necesidades, la furia da lugar a sentimientos útiles para la vida”.

Marshall B. Rosenberg

 

¿Te animas a practicar?

 

Si quieres saber más sobre la comunicación no violenta, Marshall Rosenberg es el autor de referencia:

Comunicación No Violenta – Un Lenguaje de Vida Marshall Rosenberg Gran Aldea Editores

“Center of Nonviolent Communication” Asociación para la Comunicación No Violenta creado por Marshall Rosenberg

By Alicia Vallespi

¿Eres asertivo?

Valora tu nivel de asertividad con este test sencillo

Comparte este test si te ha gustado!

 

By Alicia Vallespi

Cómo evitar ponernos a la defensiva cuando recibimos una crítica

No todos reaccionamos igual ante las críticas, pero lo cierto es que la mayoría de nosotros las llevamos mal. Nos sentimos heridos, las rechazamos negándolas, o las recibimos como un ataque y nos ponemos a la defensiva, respondiendo desde la impulsividad, de forma visceral.

En el anterior post vimos cómo podemos decirle a alguien que no nos gusta lo que ha hecho; vamos a ver en éste la otra cara de la moneda, cómo evitar ponernos a la defensiva cuando somos nosotros quienes recibimos una crítica:

  1. Preparar nuestro estado emocional. A nivel corporal, es conveniente estar centrado, relajado. A nivel emocional, es importante estar abierto a escuchar, sin tensiones que podemos traer de otras experiencias. Lo peor que nos podría pasar es reaccionar a partir de la emocionalidad que corresponde a otra situación.
  2. Reconocer que son las opiniones del otro, no la “verdad”. Reconocer que las críticas son discutibles y que no necesariamente tenemos que coincidir con ellas. Pero, al mismo tiempo, reconocer también que son el resultado de nuestro comportamiento, que configuran una determinada identidad sobre nuestra persona, que quizá nos den la oportunidad de incrementar nuestra efectividad, corregir nuestras acciones, mejorar o aprender.
  3. Distinguir aquellas críticas que nos importan de las que no. A veces nos hacen críticas a las que no tenemos por qué conferir autoridad. Siempre habrá muchas personas que no estén de acuerdo con nuestro comportamiento y es imposible gustar a todo el mundo. Es importante, en consecuencia, evaluar que autoridad otorgamos a cada crítica.
  4. Tener apertura al escuchar. Las críticas tienen el poder de cerrar nuestra capacidad de escucha y de activar nuestros mecanismos defensivos. Debemos estar en alerta permanente para que esto no suceda y, de suceder, poder volver a la conversación o pedir su posposición. Más vale no seguir en la conversación si consideramos que ya no estamos en disposición de escuchar.
  5. Preguntar. Preguntar al otro todo aquello que no nos quede claro, clarificar todos los aspectos que necesitemos. Es posible que la crítica no sea clara o evidente. Esto no implica que tengamos necesariamente que discrepar de ella. Es posible que si preguntamos, descubramos que quien la emite tiene argumentos válidos a partir de antecedentes que no conocíamos o no valorábamos de la misma manera.
  6. Comprobar nuestra comprensión. Ofrecer a nuestro interlocutor nuestra interpretación sobre lo que está diciendo. No se trata de repetir sus palabras. Para comprobar la comprensión, hay que decir en nuestras propias palabras lo que consideramos que el otro nos está diciendo. Se trata, por tanto, de “parafrasear” lo que hemos escuchado.
  7. Comprender al otro aunque no estemos de acuerdo. Es importante distinguir el “comprender” del “compartir”. Puedo decir: “Entiendo porqué me dices eso. Y, sin embargo, no estoy de acuerdo contigo”, “Déjame que te exponga mi punto de vista y permíteme indicarte los antecedentes que tengo en cuenta”.
  8. Expresar al otro los puntos en los que estamos de acuerdo. Una importante contribución a una conversación que no es siempre fácil, es expresar al otro nuestros puntos de acuerdo, mostrarle que lo estamos escuchando, manifestarle que nuestras diferencias no son irreconciliables y que, al menos, estamos de acuerdo en algunas cosas. Decirle, por ejemplo: “En eso estoy de acuerdo contigo”, es una ayuda.
  9. Tomarse tiempo para responder. Es importante desconfiar de nuestra capacidad para controlar nuestros mecanismos defensivos, incluso cuando pensamos que los tenemos a raya. En muchas oportunidades es recomendable no responder inmediatamente a las críticas que se nos entregan y darnos un tiempo para reflexionar. Al darnos más tiempo, quizá veamos cosas que en el momento puede no sernos fácil observar.

Te dejamos aquí tu tip, si te ha gustado, lo puedes imprimir o compartir.

 

By Alicia Vallespi

¿Te cuesta decirle a alguien que no te gusta lo que ha hecho?

¿Te cuesta decirle a alguien que no te gusta lo que ha hecho? ¿Lo piensas y lo piensas sin saber cómo enfocar la conversación? O ¿Lo acabas diciendo de mala manera y generando un conflicto?

Al hecho de emitir nuestra opinión sobre alguien lo llamamos dar feedback, y podemos diferenciar dos tipos principales de conversaciones en este sentido; las primeras son aquellas en las que le reconocemos al otro un logro o algo que nos ha gustado mucho. Éstas en general no sólo nos resultan fáciles sino que son muy agradecidas. Generan energía positiva entre los integrantes de la conversación y retroalimentan la relación. Las segundas, sin embargo, aquellas en las que debemos expresar nuestro desacuerdo con el otro, decirle que no ha cumplido su parte de lo establecido o que no nos ha gustado su comportamiento, son más complicadas.

La realidad es que a nadie le gusta que le digan cosas como: “Eres un desastre”, “No me gusta cómo haces esto” “Este trabajo está fatal”, “Me decepciona tu actitud”, “Esperaba más de ti”… Ni nos gusta que nos lo digan ni a los demás les gusta escucharlo.  Para afrontar este tipo de situaciones de forma efectiva, debes tener en cuenta que en la comunicación es tan importante QUÉ dices como CÓMO lo dices. Por ello vamos a ver algunas pautas para que te resulte más sencillo expresar tu desacuerdo y evites que tu interlocutor se ponga a la defensiva:

  1. Buscar un buen momento y tener una buena disposición. Tener en cuenta que se trata de una tarea delicada que puede afectar la sensibilidad del otro, evaluar si el entorno es el más adecuado, y tratar de estar relajado.
  1. Crear empatía, comprender y reconocer. Crear un contexto adecuado. Explicitar el propósito de la conversación. Llevar a la conversación la visión y las inquietudes que compartimos, y nuestro compromiso común:

“Entiendo tu punto de vista…”

“Entiendo cómo te sientes…”

“Lo que me dices…”

“Entiendo que estés molesto…”

  1. Expresar nuestras opiniones de forma descriptiva, sin hacer valoraciones. Basar nuestras opiniones en comportamientos y/o hechos observables, y fundamentarlos:

“El hecho es X…”

“Ahora lo que estamos discutiendo es…”

“Después de los acuerdos del otro día…”

  1. Referirse a las acciones o los comportamientos del otro, no a su persona. Evitar las formas “Eres…”, en su lugar utilizar formas del tipo:

“Lo que has hecho…”

“Tal como has resuelto el asunto…”

“Las palabras que has dicho…”

  1. Dar información específica, sin generalizar. No utilizar términos generalizadores como: “Siempre”, “Nunca”, “Todo”, “Todo el mundo” …Sí concretar con términos como: “A veces”, “Últimamente”, “La última semana”, “Tres personas”, “Esta tarea en concreto”,…
  1. Hablar en primera persona, sobre cómo estas acciones te afectan, o en tu opinión tienen resultados negativos. No hablar por otros:

“A mí me parece”

“Me molesta…”

“Creo que eso…”

  1. No interpretar. No atribuir intenciones ni motivos al otro para actuar como lo ha hecho. Dejar que el otro exprese sus intenciones o motivos. Dejar tiempo al otro para responder.
  1. Indagar el punto de vista del otro, preguntar y escuchar.

“¿A ti qué te parece…?”

“¿Tú que crees…?”

“¿Cuál es tu punto de vista…?”

  1. Equilibrar la información negativa con la positiva (+ – +). Utilizar el modelo sandwich: decir algo positivo /lo negativo/ añadir otra cosa positiva. “Estamos mejorando mucho (+), sin embargo en estos días no hemos avanzado suficiente (-), creo que si nos ponemos de acuerdo lo podemos conseguir (+)”.
  1. Ofrecer sugerencias específicas de mejora, pedir cambios concretos en el comportamiento del otro, el feedback no nos debería servir para desahogarnos sino para modificar algo: “Seguramente si a partir de ahora nos comunicamos mejor …” “Podría ser una solución …”

Algunas personas creen que utilizar pautas como estas es dejar de ser ellos mismos, disfrazar la realidad o no decir realmente lo que piensan. No se trata de dejar de expresar nuestra opinión en ningún momento sino  de hacerlo de una forma respetuosa hacia el otro y siempre teniendo en cuenta el daño que puede ocasionar a la relación si lo hacemos “a la brava”. Lo que queremos conseguir es reconducir la conducta del otro, llegar a un acuerdo y mejorar el vínculo, ya sea personal o profesional.

Te dejamos aquí tu tip, si te ha gustado, lo puedes imprimir o compartir. En el próximo post nos centraremos en la otra cara de la moneda: Cómo recibir un juicio de otro sin perder los papeles.

 

 

By Alicia Vallespi

¿pro-activo o pro-nomeresponsabilizo?

La idea de que estamos condicionados para responder de un modo particular a un estímulo concreto es aplicable a nuestras conductas más primarias, pero no para el resto. Ante cada cosa que nos pasa, tenemos la libertad interior de elegir la respuesta que queremos dar, y esta incluye los privilegios que nos singularizan como personas: autoconciencia, imaginación, conciencia moral y voluntad independiente. Tomar la iniciativa y responsabilizarnos de nuestras propias respuestas y de nuestras vidas es ser proactivo. Esto supone asumir nuestra responsabilidad. Responsabilidad también significa asumir las consecuencias de nuestras conductas o respuestas.

Cuando explico esto en mis cursos o talleres, siempre espero un momento para seguir hablando, porque suele  intervenir alguien diciendo algo como: “Claro, eso es muy fácil de decir…”, o “Eso que dices es fácil para las cosas sencillas, pero para las complicadas … “. Cierto, es fácil de explicar, y también es muy fácil de entender, pero no estoy en absoluto de acuerdo en que sea aplicable sólo para las cosas del día a día, aquellas en las que no nos jugamos mucho; al contrario, cuando es importante y necesario es en aquellas situaciones “difíciles” que nos ponen al límite. Ahí vale la pena tener entrenada esta competencia personal. Yo no digo que sea fácil de aplicar, no lo es, pero es muy saludable para nuestro bienestar y el de los que nos rodean.

Ninguna circunstancia, y ninguna es ninguna, lleva escrito en ninguna parte cómo debemos reaccionar cuando sucede, o ¿Porque diferentes personas responden de forma diferente ante la misma situación? La respuesta no depende de la situación, sólo depende de nosotros. Soy consciente de que esto suena a frase hecha, pero es así, sencillo y claro. Somos nosotros los que le damos a lo que nos sucede un significado de sufrimiento, de angustia, de insoportabilitat, de aceptación o incluso de oportunidad.

Me gusta poner el ejemplo de aquella madre que ante los comportamientos disruptivos de su hijo me decía: “Alicia, mi hijo me pone muy nerviosa” y yo le contestaba: “No, no es tu hijo que te pone nerviosa, tú te pones”. Ella creía que no la estaba entendiendo, y me volvía a repetir lo mismo. Claro que la entendía, lo que le quería explicar es que no es el niño el que con su conducta dispara los nervios de la madre, sino que la madre es la que está decidiendo perder la paciencia ante el comportamiento del hijo.

Cuando otorgamos a los demás o a las circunstancias el poder para hacernos sentir o responder de una forma tóxica para nosotros, también les estamos otorgando la fuerza para hacer con nosotros lo que quieran, les estamos cediendo nuestro poder interno, y en consecuencia nosotros quedamos anulados para decidir. Esta es la actitud reactiva. Una actitud en la que los demás tienen la culpa de lo que nos pasa, y nosotros no somos responsables de nada. Los adolescentes de eso saben mucho, cuando dicen cosas como “el profe me tiene manía”, “el profe me ha suspendido”… depositan toda la responsabilidad en el otro y ellos quedan fuera, como si no formaran parte de la situación.

Si nuestras vidas se desarrollan en función de los condicionamientos, es porque -por decisión o por omisión- hemos elegido otorgar a algo o a alguien el poder de controlarnos y es entonces cuando nos volvemos reactivos. Las personas reactivas se ven constantemente afectadas por su entorno físico, social, por sus circunstancias, por sus sentimientos. Las personas proactivas llevan con ellas su propio clima y aunque se ven influidas por los estímulos externos, su respuesta es una elección desde su libertad interior.

“Lo que nos duele, más que lo que nos pasa, es nuestra respuesta a lo que nos pasa”.

S.R. Covey

Descarga tu TIP, puedes imprimirlo, compartirlo con tus amigos o en las redes sociales:

By Alicia Vallespi

En modo ON

Te presentamos nuestro proyecto. Mind On Training Systems es el fruto del trabajo de los últimos años en la formación, la asesoría y la consultoría tanto a nivel personal como de organizaciones y empresas. El objetivo de este proyecto es unir las aportaciones de diferentes técnicas como el Coaching, la PNL, el Mindfulness, la Inteligencia Emocional, el Neurofeedback o el Brain Training en un trabajo multidisciplinar que multiplique los resultados de nuestros clientes.

Desde Mind On entrenamos las competencias personales y sociales, y contribuimos al desarrollo de todo el potencial de las personas como individuos o equipos. Ofrecemos programas en cuatro áreas de actuación:

  • LIFE: Desarrollo de programas de entrenamiento orientados a la optimización de la vida de las personas en diferentes situaciones.
  • ORG: Programas de entrenamiento dirigidos a los equipos y las empresas.
  • EDU: Programas de entrenamiento para centros educativos y para familias. Desarrollo de programas de educación emocional.
  • SPORT: Programas de entrenamiento para deportistas y clubs deportivos.

El trabajo conjunto de los profesionales que integramos Mind On genera las mejores  sinergias para que nos podamos adaptar a las necesidades de nuestros clientes y que puedan alcanzar sus objetivos con eficiencia y efectividad.

Si te gusta el proyecto, te invitamos a seguirnos en las redes sociales.

En Facebook:  www.facebook.com/mindontraining

En Twitter: @mindontraining

Muchas gracias por seguirnos.

El equipo de Mind On Training Systems

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Normas, límites… ¿Educan o coartan?
¿Es posible tener una comunicación eficaz con nuestros hijos adolescentes?
Comunicación no violenta, otra forma de afrontar conversaciones difíciles
¿Cuál es tu nivel de conciencia emocional?
¿Eres asertivo?
Cómo evitar ponernos a la defensiva cuando recibimos una crítica
¿Te cuesta decirle a alguien que no te gusta lo que ha hecho?
¿pro-activo o pro-nomeresponsabilizo?
En modo ON